jueves, 18 de julio de 2013

Longueira, la Derecha, las victorias y las derrotas



Yo sí creo que Pablo Longueira tiene una depresión fulminante y por eso renunció a su candidatura. Es algo verosímil y, probablemente, verídico.

Longueira es un ejemplo, como pocos, del exitista neoliberal. Él mismo lo dijo varias veces: "Cada vez que me he presentado a una elección, he ganado. Yo nunca he perdido, yo nunca pierdo". Y lo demostró en las primarias recién pasadas, donde su partido debió bajar a su candidato original en medio del escándalo y el adversario llevaba meses de campaña avanzada. Ahí, en ese contexto, Longueira superó toda la adversidad y ganó. Nuevamente ganó pese a tener una contra interna importante en la UDI, pese a ser uno de los políticos con mayor voto de rechazo en el país y pese a haber llegado inesperadamente a la competencia. Y una vez contado el último voto de esas primarias, se vio victorioso y más cerca que nunca del sueño de todo político, pero especialmente más cerca que nunca del más grande sueño de su vida: ser Presidente de la República. 

Pero no debe haber necesitado más de un par de días para entender que ese menos de un millón de votos que obtuvo su Alianza y esa crisis constante, y en estos días agravada, que vive su coalición política eran lo más cerca que estaría jamás de cumplir su sueño. Quizá le bastaron horas a Longueira para entender que su épica victoria era a la vez su más fulminante derrota. Que no hay que ser adivino ni mago para saber que en noviembre él, el que nunca perdía, perdería como nunca.

Él, que era de los que siempre ganaban, por las buenas (conquistando el voto de millones) o por las malas (con bolsas de mercadería repartidas por las poblaciones o con el Binominal enquistado en nuestras instituciones), sería el mayor símbolo de la derrota. De una derrota que se ve inevitable en el horizonte pese a todas las buenas o malas maniobras de su sector.

Y una vez entendido eso, se entiende la crisis y la depresión que le debe haber llegado al líder de los que han hecho todo para ganar siempre, aunque sean minoría y en verdad pierdan. Porque aunque sea sorpresiva esta coyuntura, ésta es en realidad una historia conocida. Que ya la vimos en los años sesenta, cuando en Chile la Derecha fue barrida, y que de ser tradicionalista e institucional, se volvió fascista y golpista. La historia es la misma que ha tenido secuestrada a la democracia de nuestro país: Que la Derecha, simplemente, no sabe perder.

Hay que tener cuidado entonces, porque si la Derecha no sabe perder y va a perder, una reacción insólita y sorpresiva no es descartable.

Pero, si la Derecha no sabe perder ¿Los que siempre han perdido, estarán aprendiendo a ganar?

Noviembre algo al respecto nos dirá.

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miércoles, 10 de julio de 2013

Violencia, Noviolencia y Radicalidad

Por Ignacio Torres G.



         Desde hace algún tiempo dentro del movimiento estudiantil hay cierta discusión que parece ir derivando hacia la premisa de que noviolencia es sinónimo de reformismo[1] y, por consiguiente, que la violencia implica radicalidad.
         Lamentablemente, cuando se reflexiona en público sobre la violencia sucede una cosa curiosa: se discute sobre varias cosas anexas o derivadas de la violencia, como la legitimidad de ella, su eficacia, los diversos tipos que hay, etc., pero se obvia una cuestión fundamental, que es responder la elemental pregunta de ¿qué es la violencia?
Responder conceptualmente sobre qué es la violencia, dar una definición de ella para poder discutir provechosamente al respecto es necesario no sólo por la evidente claridad mínima, el acuerdo insoslayable de común comprensión sobre lo que se trata propio de cualquier discusión, sino que especialmente porque se trata de un tema complejo, difícil de asir y de limitar. Frecuentemente cuando se habla de violencia se alude a cuestiones muy concretas, como golpes, atentados o guerras, pero aquellas acciones no son definiciones conceptuales de violencia, sino que ejemplos de formas de violencia. La violencia, al parecer, no es tan fácil de definir, más aún cuando intuitivamente situaciones análogas nos parecen muy distintas respecto al calificativo de “violentas”. Por ejemplo, si en un debate, precisamente sobre violencia, uno de los expositores redujera a otro, lo inmovilizara y frente al público le cortara una pierna con un cuchillo, amputándosela, nadie dudaría de que obró violentamente y esa persona sería objeto del odio del amputado, del repudio social de los testigos y más que seguramente de una sanción penal por parte del sistema judicial; pero si esa misma persona fuera un médico y la “víctima” alguien aquejado de una gangrena en su pierna y el médico inmovilizara a esta persona mediante sustancias (anestesia) y cortara con un cuchillo (un bisturí) su pierna, amputándosela, frente a un público (de estudiantes de medicina), sucedería con toda probabilidad que ese médico recibiría la gratitud del amputado, la admiración de los testigos por la tarea bien hecha, y la recompensa del servicio de salud donde realizó la operación pagándole una cuantiosa suma de dinero. Y eso que en ambos casos de lo que se trató, en concreto, fue nada menos que la amputación de una extremidad a una persona. Alguien podría decir, sin embargo, que el ejemplo es demasiado elaborado y que evidentemente hay cuestiones que son violentas en sí mismas, como los golpes. Pero ante eso habría que recordar simplemente la Maniobra de Heimlich, famosa gracias al cine y la TV, mediante la cual se desobstruyen las vías respiratorias de alguien que sufre asfixia por el bloqueo que le produce algún elemento, y que no es otra cosa que golpear el abdomen de la persona con ambas manos, maniobra que, cuando menos, parece forzado calificar de violenta. Si una persona se abalanza contra otra, la reduce e inmoviliza, ciertamente que diríamos que se trata de una agresión y un acto violento, pero si esa persona inmovilizada estaba violando a una niña y quien se abalanzó sobre ella la inmovilizó para detener ese ataque sexual, probablemente diríamos que fue un héroe más que un violento.
Algo pasa, entonces, con el concepto mismo de violencia, que al parecer tiene cierta complejidad y que, por lo mismo, es muchas veces dejado de lado por quienes discuten al respecto. Pero hay cierta tradición de pensadores y activistas que ha defendido y promovido históricamente la Noviolencia Activa y la han definido a ella y a la violencia. Y recogiendo sus aportes[2] es posible intentar una definición de violencia como la anulación de la intención, esto es, colocar a una persona en posición de objeto, negando su condición de sujeto y, por lo tanto, convertirla en herramienta de realización de intenciones ajenas a la propia. O dicho de otra forma, la violencia es el cercenamiento de la libertad o la realización concreta y material de la dominación.
Y si seguimos esta definición, se nos hace comprensible ahora porqué el médico que amputa la pierna de un paciente enfermo no es violento: porque lo hace con el consentimiento del paciente, siguiendo la intención de éste, y con el fin de salvarle la vida, o sea, de prolongar, de hacer posible en el futuro su intencionalidad, su libertad. Y lo mismo pasa con aquel que realiza la Maniobra de Heimlich al prójimo que se asfixia frente a sus ojos y le salva la vida y asegura su intencionalidad, pues se la amplía, exactamente lo contrario de anularla. Y cuando se trata de quien salva a una niña de una agresión sexual, precisamente no hay violencia de su parte porque de lo que se trata ahí es de una liberación de alguien que está siendo sometido a violencia, y detener la violencia es distinto a ejercerla, aunque en la situación concreta el límite pueda ser delgado (detener una agresión sexual sería reducir al atacante e inmovilizarlo, pero cuando a ese victimario se lo agrede en venganza por lo que ha hecho, se pasa a ejercer violencia).
De lo anterior se derivan varias cuestiones relevantes. La primera y obvia es que si la violencia es la anulación de la intención, sólo hay violencia cuando se trata de seres intencionales, por lo que hablar de que “se violentó una cosa” resulta absurdo. Las cosas pueden destruirse, abandonarse o protegerse, pero violentarse no, aunque sí se pueda violentar a personas utilizando objetos.
Lo segundo, y quizá más importante de todo, es que entendida la violencia como aquí se la está entendiendo, basta analizar someramente el mundo para comprender que vivimos en un mundo precisamente violento, donde la violencia es parte de la experiencia de vida de la inmensa mayoría (¿de la totalidad?) de las personas, y ésta es ejercida tanto por los individuos entre sí como por sistemas institucionales, algunos de los cuáles producen discursos de legitimación pública de la violencia que ejercen. Si la violencia es la anulación de la intencionalidad, la objetivación de personas o conjuntos humanos como meros instrumentos de otros, tiene sentido hablar de violencia económica, política, sexual, religiosa y muchas más, porque son muchos y variados los planos donde se cercena la libertad humana, donde se anula la intencionalidad, siendo la violencia física apenas la más burda y evidente forma de violencia pero ni de lejos la más extendida ni intensa. Así las cosas, la explotación, la discriminación, la persecución, en fin, muchos fenómenos sociales son expresiones de ese fantasma que recorre la sociedad contemporánea: la violencia, que es la cara concreta de la dominación. Y entonces, es fácil comprender que la violencia no es una excepción, no es un acto aislado y extraordinario que ocurre excepcionalmente, sino que es la moneda corriente en una sociedad cuyo sistema de relaciones tiene incorporada a la violencia dentro de sí mismo.
De esta manera, la tercera cuestión relevante es que los actos deliberadamente violentos que una persona o un grupo pueden realizar son una reproducción de lo que normalmente sucede en la sociedad, produciéndose la paradoja de que cuando se actúa violentamente para cambiar el orden de cosas imperante, en realidad se lo reafirma al hacer exactamente lo que sucede día a día en el marco de ese orden de cosas. Así visto, la Noviolencia Activa, en tanto metodología de acción, postura ética y propuesta teórica, si se despliega en plenitud, esto es, generando relaciones solidarias, horizontales y no impositivas y siendo efectivamente activa, valiente, realizadora de cosas y no mera crítica discursiva a la violencia, se constituye como un actuar disruptor de la facticidad dominante, se convierte en una ventana para ver y vivir un modo diferente al que impera con este orden de cosas, se manifiesta como un efecto demostrador y performativo de que los actos humanos pueden no estar dominados por la violencia y que por lo tanto el mundo puede superar el estado violento en el que se encuentra. Así, la genuina Noviolencia Activa aspira a un cambio profundo en el modo en que vivimos. En la Noviolencia Activa está la radicalidad.




[1] Un ejemplo al respecto puede verse en la Declaración Pública que elaboró un grupo de estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.
[2] Esta definición ha sido construida por el autor de esta columna en base a planteamientos de Tolstoi, Gandhi, King y, especialmente, Silo.


miércoles, 15 de mayo de 2013

¿Se volverá latinoamericano el Pueblo Chileno?

Por Ignacio Torres G.


Entre las muchas cosas que se dicen sobre Chile, se habla de que constituye una excepción en Latinoamérica.

Chile sería, dicen algunos conspicuos señores, un país distinto, muy diferente al resto de los que conforman el arco latinoamericano. Como tantos otros mitos que rondan sobre nuestro país, esta afirmación no se argumenta ni se defiende mucho, sino que más bien se repite hasta el cansancio a través de muchos medios de comunicación en la voz de "analistas" o "expertos" que acompañan esta idea con frases como que "Chile es un país serio", aquí "las instituciones funcionan" o "somos otra cosa entre las repúblicas bananeras del continente".

Por supuesto, ninguno de esos expertos repara en que Chile tiene el mismo origen colonial y mestizo que el resto del continente, que vivió una cruenta Guerra de Independencia, que tuvo turbulencias políticas y guerras civiles en sus primeros años de vida republicana (y en nuestro caso varias décadas después también), que hubo una fronda aristocrática que gobernó como quizo el país todo el siglo XIX y lo insertó en el circuito capitalista mundial desde una posición periférica, igual que como pasó en el resto de las ex-colonias españolas y portuguesas de la zona. Tampoco cuenta para ellos que a principios del siglo XX los sectores populares vivieran en condiciones infra-humanas mientras la élite se creía parte de Francia y vivía como tal en lujosos palacios, o que se fue desarrollando un proceso de concietización y organización de los trabajadores que décadas después llevaría a sectores medios a controlar el Estado y volcarlo a incentivar la industrialización y el desarrollo planificado con preponderancia estatal, o que en los sesenta también nos tocó la ola revolucionaria impulsada por la Revolución Cubana y la búsqueda de la construcción del Socialismo (que por acá llegó a su máximo nivel con un presidente socialista electo por votación popular), o que vivimos una dictadura brutal que se coordinó con las de otros países para realizar la Operación Cóndor y otras felonías innombrables, o que se nos impuso a la fuerza fórmulas neoliberales igual que en Perú (con Fujimori haciéndose un autogolpe) o en Argentina (con Menem re-eligiéndose). En fin, para estos señores el que Chile haya vivido procesos tan parecidos a los del resto de los países del continente durante sus dos siglos de historia, da lo mismo.

Chile es diferente nos repiten, y nos muestran los desastres institucionales del continente, como si acá no existiesen los escándalos de las estadísticas públicas, los cientos de miles de ciudadanos muertos que pueden votar en las elecciones, los rectores de universidades presos por sobornar a organismos públicos y tantas otras situaciones de inoperancia, ineficiencia y farandulización política que nos dejan al nivel del peor país bananero imaginable. La depredación ambiental propia del extractivismo que nos hermana tan íntimamente con el resto del continente es irrelevante también.

Chile es diferente, insisten. Su estabilidad política es distintiva. Y ahí uno empieza a creer que quizá el bialiancismo asegurado por el sistema binominal es algo particular chileno, un amarre más que una estabilidad, que nos diferencia del resto del continente. Pero eso tampoco es cierto, porque nuestras queridas repúblicas hermanas también vivieron épocas en que unos cuantos grupos políticos dominaron el control del Estado, y por períodos mucho más largos de lo que ha pasado en Chile (y ahí Venezuela es un ejemplo notable con COPEI, AD y URD). Y que esos grupos políticos fueran diferenciándose de la sociedad, cerrándose, farandulizándose y sus más altos dirigente convirtiéndose en una "casta política" que se entendió a sí misma como la encargada de conducir el país sin que importara mucho la opinión del Pueblo y sí la del FMI es algo que no sólo ha pasado en Chile, sino que pasó en todo el continente.

Chile está mucho más cerca de América Latina de lo que algunos expertos nos quieren hacer creer. Y nos quieren hacer creer eso porque en el continente sí ha pasado algo que aún está a la espera en Chile.

A lo largo y ancho de Latinoamérica, en Nicaragua, Honduras, Venezuela, Ecuador, Perú, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Argentina desde fines de la década de los noventa vienen surgiendo gobiernos progresistas, reformistas, preocupados de velar por la soberanía nacional ante el saqueo multinacional, que intentan redistribuir el poder institucional y que pretenden generar condiciones de igualdad material en la población de sus países. Tienen muchas diferencias entre sí, pero Daniel Ortega, Manuel Zelaya, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Rafael Correa, Ollanta Humala, Lula Da Silva y Dilma Rousseff, Tabaré Vásquez y José Mujica, Fernando Lugo, Evo Morales y Néstor Kirchner y Cristina Férnandez comparten el ser símbolos de cambio en la política de sus países, pasando del más agresivo neoliberalismo, que se implantó muchas veces a la fuerza en la región, a modelos de desarrollo que prentenden ir en una dirección distinta, con más preocupación social y participación popular, con diferentes grados y prioridades por cierto, pero diferenciándose de la etapa anterior tan profundamente neoliberal con todo lo que ella implicó.

Pero eso aún no pasa en Chile. Aquí seguimos con el imperio neoliberal y sin iniciar un proceso de cambio popular como en el resto del continente. Aún.

Porque sucede que en esos países, antes de que los presidentes nombrados llegaran a ocupar su cargo, se vivieron intensos procesos de descrédito de la política tradicional y fuertes movilizaciones sociales. La crisis del 2001 en Argentina y su "Que se vayan todos!" o las incontables manifestación populares lideradas por Evo en Bolivia que botaron a más de un Presidente son ejemplos claros de ello.

Y aquí, en Chile, se insiste con que somos un país distinto al resto de Latinoamérica de manera interesada, pues hay ya muchas señales de que lo que forzaron los pueblos en el resto del continente está ad-portas de ocurrir también en nuestro país.

¿O es que alguien duda del insólito descrédito de la casta política gobernante enfrascada en sus discusiones palaciégas y disputas por cargos, cupos y poder? ¿alguien podría desmentir el creciente proceso de movilización que comenzó tibiamente el 2001, fue creciendo hasta tener un hito notable el 2006 y explotó con toda su fuerza el 2011? ¿Alguien no cree que se han ido instalando socialmente demandas muy alejadas del modelo neoliberal que nos impera como la educación gratuita, la nacionalización de los recursos estratégicos del país o la Asamblea Constituyente? Y estamos en un año coyunturalmente especial pues hay elecciones presidenciales en medio de todo este panorama y con una enorme cantidad de candidatos, algunos de ellos muy alejados de la política tradicional que domina, aún, el país.

Uno de ellos lo dijo hace algunas semanas en un programa de televisión: a Rafael Correa le dieron durante meses el 2% de los votos en las encuestas y finalmente ganó e inició un proceso de cambio que incluyó una nueva Constitución. Y ese mismo candidato estos últimos días ha desbordado auditorios y salones en sus conferencias, teniendo que hacer la última de ellas en plena plaza pública pues llegaron a escucharlo diez veces más personas que lo que su comando tenía proyectado.

¿Será este año aquel en que Chile siga la senda de sus hermanos latinoamericanos? ¿Ganarán los interesados expertos de siempre o nuestro país seguirá con su pertenencia histórica sumándose también a los procesos de cambio que recorren toda nuestra querida América Latina?

El Pueblo dirá.

sábado, 21 de julio de 2012

Acerca de lo Humano




  "...Sentir lo humano en el otro, 'es sentir la vida del otro en un hermoso y multicolor arco iris, que más se aleja en la medida en que quiero detener, atrapar, arrebatar su expresión. Tu te alejas y yo me reconforto, si es que contribuí a cortar tus cadenas, a superar tu dolor y sufrimiento. Y si vienes conmigo es porque te constituyes en un acto libre como ser humano, no simplemente porque has nacido "humano". Yo siento en tí la libertad y la posibilidad de constituirte en ser humano. Y mis actos tienen en tí blanco de libertad. Entonces, ni aún tu muerte detiene las acciones que pusiste en marcha, porque eres esencialmente "tiempo y libertad". Amo pues del Ser Humano, su humanización creciente. Y en momentos de crisis de cosificación, en momentos de deshumanización, amo su posibilidad de rehabilitación futura."

Silo.



martes, 3 de julio de 2012

¿Sueldo Mínimo? ¡Propiedad participativa de los trabajadores!

   Chile está en medio de una discusión por la pronta aprobación de la nueva Ley de Sueldo Mínimo, que fijará el piso legal de los salarios a pagar en el país en $193.000.-. Una miseria sin lugar a dudas ¿quien puede vivir con menos de doscientos mil pesos en un país tan caro como el nuestro? Ya hay convocadas manifestaciones por parte de la CUT, circulan informaciones al respecto y parece empezar cierta necesaria indignación ante un panorama tan exasperante: la clase política promueve un sueldo mínimo de migajas mientras los medios nos informan de la inauguración del Costanera Center y sus lujosas tiendas, o las nuevas instalaciones de una marca de autos en La Dehesa, cuyo auto más "económico" cuesta sobre veinticinco millones de pesos. El tema da paso a que se hable sobre la desigualdad y vuelve a tocarse un tema crítico en el país: la infamante concentración de la riqueza, que hace que unos pocos, realmente muy pocos, se queden con las ganancias del trabajo y las riquezas de todo Chile.
   Si bien estamos avanzando y los feudales discursos sobre "el chorreo" de la riqueza desde los segmentos más ricos hacia la mayoría empobrecida y endeudada empiezan una suerte de retirada y van siendo reemplazados por la labor incesante de economistas y organizaciones comprometidas que explican lo fundamental de la igualdad para el desarrollo del país y que plantean el salario como la justa retribución al trabajador por su fundamental aporte en el proceso económico (y no como una especie de dádiva generosa y graciosa de parte de los que tienen a los que no tienen, como parecen entenderlo los defensores del chorreo neoliberal), aún estamos muy cortos en el debate.
    Cuando hablamos de sueldo mínimo, igualdad, redistribución y justicia, deberíamos hablar necesariamente de la relación entre capital y trabajo si queremos hacer un análisis profundo de como mejorar la situación actual. Desde el Humanismo se ha planteado desde la publicación del Documento Humanista que los factores de producción son el Capital y el Trabajo, y están de más la Usura y la Especulación. Y para que la economía genere un desarrollo justo y para todos (o sea, un verdadero desarrollo). la relación entre capital y trabajo debe ser de equilibrio, de igualdad. Ambos son factores de la producción, de ambos depende la economía y ambos están en riesgo en caso de crisis o pérdidas, lo que lleva a que la propiedad de las empresas deba ser compartida, al igual que la gestión, entre los trabajadores y el capital. 
  Urge una buena ley de sueldo mínimo, pero probablemente urge más una Ley sobre Propiedad Participativa de los Trabajadores, que permita que se involucren directa y comprometidamente en la gestión y propiedad de la empresa, en una relación igualitaria con el capital, recibiendo las ganancias correspondientes por su labor.
   Sólo en ese momento vamos a poder hablar, en serio, de construir una sociedad en igualdad. 


Humanistas argentinos planteando gráficamente lo que se dice en este post.

miércoles, 20 de junio de 2012

Las Condiciones del Diálogo

"No habrá diálogo cabal sobre las cuestiones de fondo de esta civilización hasta que se empiece, socialmente, a descreer de tanta ilusión alimentada con los espejuelos del sistema actual. (...) Entre tanto, el diálogo seguirá siendo insustancial y sin conexión con las motivaciones profundas de la sociedad. Sin embargo, está claro que en algunas latitudes se ha comenzado a mover algo nuevo, algo que empezando en diálogo de especialistas estará luego ocupando la plaza pública."

Silo
Al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Academia de Ciencias de Rusia



lunes, 18 de junio de 2012

¡Mar para Bolivia!


“¡Mar para Bolivia! ¡Mar para Bolivia! Integración latinoamericana y superación de guerras imperialistas del siglo antepasado YA” es lo primero que se me ocurre escribir en las redes sociales cuando me entero que el tema está en la pauta de los medios de comunicación masivos, a propósito de la Cumbre desarrollada en Bolivia y, unos días después, de las palabras del Presidente Evo Morales al respecto. La reacción es llamativa: amigos destacan la frase, la comparten, la comentan. Es una reacción llamativa pero que no me sorprende. Estoy seguro que día a día aumentan las personas en Chile que están a favor de que Bolivia tenga una salida soberana al mar, pero sobre todo, cada día hay más gente convencida de la necesidad de avanzar decididamente en la integración de los países latinoamericanos, superando los efectos de antiquísimas guerras y divisiones en el continente.
Cuando se fundó el Partido Humanista en 1984, se incluyó en la Plataforma Humanista (el documento programático del PH en esos años) la entrega de una salida soberana al mar para Bolivia. La reacción de la prensa y la clase política dictatorial y de oposición fue de una burla cerrada. Nadie dio crédito a lo que planteaba el PH y se pronosticó un abrupto y rápido fin del partido y un rechazo absoluto a la idea. Incluso se encargó una encuesta que afirmó que apenas el 0,6% de la población apoyaba la entrega de territorio a nuestro país vecino. El año 2005 el PH seguía vivo, tenía un candidato presidencial muy destacado en la figura de Tomás Hirsch, y mantenía todas las propuestas planteadas en 1984, incluyendo el de mar para Bolivia. Una nueva encuesta de ese año determinó que el 26% de la población apoyaba la medida humanista, en pleno contexto de un silenciamiento profundo al PH y a sus ideas durante todos los años noventa. Han pasado siete años desde esa fecha, no se ha hecho ninguna encuesta al respecto entre tanto, pero el movido clima político y social del país hace pensar que aquella cifra de apoyo sigue creciendo y consolidándose.
Y aquello es de lo más natural si vamos viendo que poco a poco, pero vigorosamente, va instalándose la conciencia colectiva de que el conflicto entre Chile y Bolivia es la herencia de una guerra promovida por capitales extranjeros y potencias imperialistas del siglo XIX que buscaban sacar rédito a los recursos naturales de la zona que actualmente es el norte de Chile. Seamos claros: el nombre de Guerra del Pacífico no es más que un eufemismo para una confrontación que debe llamarse con propiedad Guerra del Salitre, pues ese recurso era el que estaba en juego y la razón por la cual Chile desplegó sus tropas en territorio boliviano… para que el gran ganador de todo fuera el magnate inglés John Thomas North.
Vale la pena entonces preguntarse ¿Por qué dos pueblos hermanos, que comparten mucho y pueden desenvolverse en el futuro con grandes posibilidades si trabajan juntos, siguen divididos por una guerra del siglo antepasado que fue movida por intereses extranjeros? Claramente la respuesta a esa pregunta será que aún se mantienen muchos de esos intereses y que se han creado otros nuevos a los cuales les beneficia la situación actual. Por eso, urge que los pueblos de ambos países y de toda Latinoamérica se empoderen, asuman decididamente el desafío de superar las divisiones del pasado y trabajen por la integración. Porque está claro que la clase política, al menos la chilena, no tiene ningún interés en que la situación cambie y mejoren las cosas para nuestro continente. Sólo los pueblos, en cooperación y sintonía son los que pueden permitirnos avanzar



lunes, 11 de junio de 2012

Agradezco el Homenaje a Pinochet

   Cuando me enteré que se iba a realizar un homenaje a Agusto Pinochet en el Teatro Caupolicán no podía creerlo. Que existieran personas capaces de rendir honores al cabecilla de la peor represión en la historia del país me parecía inaudito. Que además quisieran hacerlo en el lugar que fue ícono de los actos democráticos de la república que se acabó con el golpe de estado, donde hubo tantas proclamaciones de los partidos de izquierda, donde se realizó el único acto público contra el montaje del plebiscito de 1980, me pareció inaceptable.

   Pero ahora agradezco este homenaje.

   Que un puñado de fanáticos se haya atrevido a convocar a ese acto y hayan llegado apenas unos centenares de personas es una señal del profundo agotamiento del pinochetismo. Que los dirigentes de la derecha se vieran acorralados y su defensa del acto se limitara al argumento de la libertad de expresión, muestra que, por fin, a estas alturas es inviable defender el gobierno más monstruoso de la historia de Chile. Que ningún referente activo de la derecha se haya aparecido por la calle San Diego da muestra que ese pinochetismo vociferante de antaño se apaga inevitablemente. Por fortuna para todos.

   Pero más que agradecer el acto por dar cuenta de la profunda decadencia del pinochetismo, agradezco este homenaje por la esperanzadora y luminosa reacción de tantas personas que enérgica y decididamente se manifestaron en contra por todas las vías que les fueron posibles. Ver las cadenas de mails, publicaciones en redes sociales, comentarios, notas de prensa, conferencias, afiches y un cuanto hay imaginable de mensajes de repudio a la barbarie autoritaria que consumió al país durante 17 años alegra el más gris de los domingos. Caer en cuenta de que la labor constante y permanente de las organizaciones de derechos humanos, de víctimas de la represión dictatorial y de todos aquellos que quieren construir un nuevo mundo justo y humano ha tenido efecto y ha calado en la sociedad chilena es la mejor lección que podemos tomar de este absurdo homenaje.

   Entro a facebook y veo las cientos de publicaciones respecto a esto, observo las fotos de tantas y tantos jóvenes comprometidos que fueron asesinados por la dictadura, miro el dibujo de Jorge Peña Hen y sus alumnos de música colgado en el muro de un amigo, y compruebo que la memoria existe, que sus casos no han caído al olvido, que hay reivindicación de su ejemplo y su lucha. Veo que toda la labor realizada no ha sido en vano.

   Las romerías, las funas, las velatones, las marchas, las querellas, todas y cada una de las muchísimas acciones desarrolladas para denunciar los crímenes de la dictadura y vencer la impunidad han surgido efecto. Muchos no querrán verlo, pero hoy a quedado en claro la profunda convicción de rechazo que se ha instalado entre la gente sobre la dictadura y su macabra obra, que no sólo se limita a las vidas cegadas y los cuerpos torturados, sino que se extiende a la imposición de un modelo inhumano e injusto que nos subyuga hasta estos días.

   Sólo queda, entonces, impulsar a esa conciencia a no quedarse en el repudio al pasado, sino que al avance hacia la construcción de un nuevo Chile y un nuevo mundo, verdaderamente humanos, que serán la mejor respuesta a los inaceptables homenajes a la muerte, la opresión y la violencia.








martes, 22 de mayo de 2012

Re-Imaginar el Humanismo: Un espacio de Inspiración



Por Ignacio Torres*

   Emergencia Humanista es una organización política humanista y un equipo base del PH. Se fundó intentando construir una mística y un espíritu que están reflejados en sus documentos fundacionales. Coherente con ellos, al momento de iniciar sus actividades hacia el medio, se preguntó cómo hacer para lograr acciones que difundieran el humanismo, crearan espacios de diálogo, integraran diversas generaciones y fueran una muestra potente y entusiasta de lo que es el Humanismo. Así, surgió la iniciativa de levantar una Escuela de Formación Política, la que se bautizó como "No cambiar el mundo, sino crearlo de nuevo", que se ha materializado a través del ciclo de conversaciones abiertas "Re-Imaginar el Humanismo".

   Estas conversaciones abiertas son una instancia de diálogo participativo en la cual uno o dos invitados comentan su experiencia en algún área o iniciativa de interés, guiados por un moderador al inicio de la conversación que luego da pie para abrir el intercambio con todos los asistentes al conversatorio. En sus cuatro sesiones ya realizadas se ha hablado de trabajo barrial, educación, la luchas de las mujeres, el legado de Laura Rodríguez y la relación entre Arte y Humanismo. Y se vienen conversaciones sobre la experiencia de Los Verdes y del Poder Joven, junto a una conversa sobre el fracaso del Humanismo y su re-lanzamiento.

   Más allá de las temáticas concretas que han tratado cada sesión del ciclo, todos estos sábados han sido un espacio fascinante de encuentro entre humanistas, amigos cercanos al humanismo y gente que se interesó en el tema. No hay en estos momentos otro espacio de diálogo de estas carácterísticas, donde se reconstruya la memoria histórica de la acción del Humanismo en Chile, se pregunte y cuestione lo hecho y se saquen puntos de vista que abran posibilidades a una acción mejor encaminada y más inspirada en el futuro. Estos ciclos han sido lo que queremos del Humanismo: una instancia organizada, constante, participativa, abierta e inclusiva. Cada sesión es una muestra notable de trabajo colectivo en que el grupo a cargo se encarga de difundir, coordinar, preparar el ámbito, desarrollar la conversación y evaluarla de manera conjunta. Aprendiendo de lo hecho por otros, rescatando los puntos de interés e identificando las diferencias que existen.

   Así, Emergencia Humanista entra en la recta final de su primera batería de acciones públicas, recogiendo el aprendizaje efectuado en estos conversatorios, tomando la inspiración generada, y preparándose para comenzar a trabajar en el arraigo barrial y temático, levantando las banderas del Humanismo, del trabajo con permanencia y de la acción conjunta.

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*Activista de Emergencia Humanista y moderador de los conversatorios del ciclo Re-Imaginar el Humanismo.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Poder Joven... ahora!

El 2001 fue el "mochilazo", del cual seguro sólo se acuerdan ya egresados o profesionales jóvenes que deben haber participado en esas movilizaciones. Luego vinieron las marchas y tomas por el financiamiento universitario, que condujeron al establecimiento del Crédito con Aval del Estado. El 2006 sucedió la Revolución Pingüina en la cual cientos de miles de estudiantes nos movilizamos durante meses para lograr cambios estructurales en el educación del país. Los años siguientes siguieron con marchas y paros, aunque menos intensos, hasta que el 2011 todo se desató, primero con las protestas de Magallanes, luego las que se oponían a Hidroaysén, y finalmente el Movimiento por la Educación.

Todos estos sucesos de la última década marcan un cambio fundamental en nuestro país con la entrada de cientos de miles de jóvenes que se activaron muy entusiastamente en pos de conseguir cambios profundos, no sólo en educación y política medioambiental, sino que en muchas otras áreas más de las que dependen las anteriores: democratización, descentralización, redistribución económica y otras. Luego de una década de los noventa marcada por el "no estoy ni ahí", llevamos diez años de activa participación juvenil en movimientos de protesta, que siguen sorprendiendo a los viejos enquistados en el poder y que cada tanto intentan remecer la estructura de nuestra fértil provincia.

Pero a algunos ya comienzan a sentir cierta frustración, al ver que los cambios son menores, lentos y muy resistidos. Si es evidente que se necesita una Nueva Constitución redactada a través de una Asamblea Constituyente, que garantice como derechos fundamentales básicos la Salud, la Educación y la Vivienda, que federalice el país, que democratice todas las instituciones a través de los plebiscitos, las iniciativas populares y las revocaciones de mandato, que nacionalice los recursos naturales estratégicos del país y que garantice la más amplia libertad y derechos civiles de las personas, además de muchas otras propuestas ampliamente difundidas por cientos de organizaciones y activistas ¿por qué ello no ocurre? ¿por qué seguimos prisioneros de una clase política cerrada, conservadora e interesada? ¿por qué las medidas urgentes que se requieren para beneficiar a la amplia mayoría de nuestro pueblo no se ponen en práctica? ¿Por qué a pesar de tanta marcha, Chile no cambia?

Yo creo que hay una respuesta: Porque seguimos delegando el poder en otros, en un grupo, en unos "profesionales" que, realmente, no representan a nadie más que a sus propios intereses. Los miles de jóvenes, trabajadores, y ciudadanos de todas las edades que nos hemos movilizado desde hace años, lo hemos hecho con una mentalidad "peticionista" le pedimos o exigimos al Estado o al Gobierno que realicen tal o cual acción, y con eso, simbólicamente, seguimos perpetuando su poder al reconocerles que son "ellos" los que pueden resolver el tema, y no nosotros.

Entonces, una verdadera revolución, el verdadero cambio al que aspiramos millones, se producirá de verdad cuando nos liberemos de nuestras propias cadenas mentales y nos demos cuenta que nosotros mismos somos quienes podemos cambiar Chile, que todo está en nuestras manos. Mucho de lo que exigimos podemos resolverlo con organización, autogestión y cogestión, en suma con coordinarnos socialmente con nuestros pares. Y lo restante se resuelve logrando el poder político que esos conservadores aún ostentan. Hay que llegar a las concejalías, alcaldías, diputaciones, senadurías y la presidencia, porque los cambios que queremos para Chile sólo podemos hacerlo nosotros. Ellos, que sólo buscan mantener su cuota de poder, no tienen ni la capacidad ni la voluntad de hacerlo. ¡Los jóvenes al poder! Así cambiaremos Chile.

Todo lo anterior es el reflejo del pensamiento humanista: Confiamos en el trabajo de base, colectivo y comunitario que emplazado desde lo local hace esfuerzos por transformar la realidad. Son los miles de ciudadanos y ciudadanas que se organizan en todo Chile y reconstruyen el tejido social los que deben ser candidatos y lograr los cargos para realizar efectos-demostración que permitan ver que en ese lugar está naciendo algo nuevo, potente y revolucionario. Si no queremos a los mismos de siempre, tenemos que atrevernos a tomar el protagonismo. Convocamos a todas las personas de buena voluntad que quieren construir un Chile profundamente distinto, solidario, justo, democrático y noviolento a ser parte activa de este cambio: ¡preséntate como candidato humanista! Porque creemos en el PH como un instrumento legal que permita que las luchas ciudadanas emprendidas en estos años no sean opacadas por las campañas millonarias de los mismos de siempre, sino que cobren realce en la coyuntura eleccionaria y permitan visibilizar los conflictos, creando conciencia y discutiendo los pilares de este sistema que urge cambiar.

Este año tenemos una posibilidad de ser protagonistas, de denunciar, organizar y sumar. No es tiempo de ser tímidos ni de quedarnos en las casas. Hay que salir y cambiar el mundo. ¡Poder Joven Ahora!

jueves, 1 de marzo de 2012

¿Mayor descentralización? ¡Federalización!


Las protestas en Aysén ya están produciendo uno de los efectos que han producido otras manifestaciones regionales como las de Magallanes o Calama: la discusión sobre la necesaria descentralización del país.


Hay que ser claros: Chile tiene problemas graves de concentración de poder, lo que sumado a la cultura autoritaria que campea por todas partes, va configurando un cuadro donde todo se hace según como se dice en unas cuantas oficinas de Santiago, y al que no le gusta, repre, miren que para eso gastamos harto en que nuestros carabineros tengan muchos carritos lanzaaguas, bombas lacrimógenas e implementos varios para aporrear expresiones ciudadanas.

Ante ese panorama, suelen surgir las voces que piden "mayor descentralización". Cualquier lector de la prensa, quedaría sorprendido al comprobar que la opinión que se publica siempre es abrumadoramente mayoritaria en cuanto a apoyar esa "mayor descentralización". Será difícil encontrar alguien que apoye la centralización del país. Pero también será difícil encontrar alguien que avance un poco más en qué sería exactamente eso de la "mayor descentralización". Con suerte uno que otro hablará de cosas como "que las regiones reciban cierto porcentaje de los impuestos que se generan en su territorio", y no mucho más. Parece ser que cuando suceden momentos de convulsión social, todo el mundo se sube al carro apoyando retóricamente la demanda, hablando de la "mayor descentralización", pero sin aportar ningún proyecto firme y concreto que permita alcanzarlo. Suena más a un simple saludo sin contenido... o a una forma elegante de dar la impresión de que se apoya la "mayor descentralización", cuando en realidad no se quiere mover ni un dedo para que ella se cumpla. Los dichos de los representantes de la clase política que han mantenido las cosas como están a este respecto son elocuentes: todos apoyan la causa regionalista, y seguimos como siempre.

Seamos sinceros: la idea de la "mayor descentralización" no es más que un concepto vago, que sirve para todo, sin ningún contenido preciso y que resulta muy útil para que los mismos de siempre puedan aparecer apoyando a las regiones de nuestro país sin tener que dar ningún paso firme para cambiar el orden de cosas.

Si de verdad se quisiera modificar la absurda concentración de poder que hay en Chile, la receta está puesta sobre la mesa desde hace años (y adivinen quienes la propusieron y han sido ignorados por tanto tiempo): Federalizar el país y establecer una democracia real, superando el simulacro de democracia que tenemos hoy en día. Siendo de lo más claros, eso significa: Una Asamblea Constituyente que redacte una nueva Constitución realmente democrática (en su origen, su legitimidad y su contenido), la cual establezca una serie de territorios en el país que tengan autonomía y potestades políticas, administrativas, legislativas y financieras que les permitan tomar sus propias decisiones en los asuntos que competen a su territorio y habitantes, decidir en qué gastar la mayor parte de los recursos económicos generados ahí y elegir a sus autoridades, todo controlado por los ciudadanos, que eligen a todas las autoridades, pueden revocar mandatos y aprobar normativas a través de Iniciativas Populares de Ley, Plebiscitos y Consultas Ciudadanas, como un ejercicio permanente de expresión de la soberanía popular y no como un recurso hipotético y extraordinario (que es nuestra realidad actual).

El centralismo que recorre transversalmente nuestro país no es más que otra de las múltiples caras de un sistema antidemocrático, depredador del medio ambiente, y profundamente inhumano y violento. La única forma de cambiarlo y mejorar las condiciones de vida de los millones que vivimos en él es emprender las transformaciones profundas y radicales que nos acerquen a la democracia directa, el ecologismo social y la noviolencia como estilo de vida. O sea, transformar nuestro país para construir otro Chile, que es justo, posible y necesario. ¿Qué esperamos para avanzar?

jueves, 22 de diciembre de 2011

Un relato de violencia y agresión previo a Navidad

Es jueves previo a Navidad y los estudiantes secundarios convocaron a una Marcha por la Educación a las 10 de la mañana en Plaza Italia. Yo no voy porque la vorágine de fin de año me tiene colapsado. Tomo mi bicicleta para llegar a una clase a la Universidad y cerca del mediodía circulo por el Barrio Italia, en Providencia. Cuando me voy acercando a Seminario con Bilbao noto que algo pasa: hay congestión vehicular, circular mucha gente a pie, escucho gritos y sonidos de sirenas policiales. Al llegar a la intersección veo una barricada armada con papeles y unos cuantos palos, escucho los carros policiales acercarse y observo como corren por Seminario hacia el sur un grupo de personas. Me detengo a observar la escena en la esquina norponiente, justo donde hay una sucursal del Banco de Chile y veo como unas adolescentes están mirando la escena, sacando fotos y conversando con un caballero anciano, de bastón y sombrero.



De pronto, pasa lo impensado: un grupo de unos cuatro o cinco hombres adultos, vestidos de oficinistas, comienza a gritarles a las jóvenes: “¡Rotas! ¡Putas! ¡Váyanse de aquí!” Se les suma una mujer vestida de blusa blanca, que histéricamente les grita “¡ustedes van a ser siempre pobres!” Se acercan enajenados y agreden a las estudiantes, éstas manotean para defenderse, y yo me acerco y pido calma, “¡Tranquilícese, tranquilícese!” le digo al hombre de camisa celeste y pelo cano que lidera la agresión y que golpea a una de las chicas “¡Te voy a meter preso! ¡Te voy a meter preso hueón! ¡Voy a llamar a mi abogado!” es su respuesta. Sale otro hombre desde el Banco y me grita “¡no defendai huenoas ahuenao!” En un minuto la escena se vuelve confusa y muy violenta.



Al lado de una barricada hecha por estudiantes, los respetables funcionarios de un banco y de empresas del sector son unos energúmenos violentistas que agreden al que se les pase por delante. A las jóvenes les gritan y las insultan por todo: porque son jóvenes, por cómo se visten, por como hablan, por estar ahí. En medio de la trifulca, y un poco desde atrás por estar sujetando mi bicicleta, veo como los hombres vestidos con un logo corporativo son los máximos exponentes de la discriminación y la agresión hacia otras personas. Y me sorprende la respuesta de las estudiantes: Se enojan, manotean para defenderse, pero a pesar de todo intentan dialogar: “¿por qué le molesta que sea pobre? ¿cuál es el problema con mi ropa?” Son las frases que les dicen a los adultos. Llega un piquete de Fuerzas Especiales y separa los grupos. El hombre agresor vestido de celeste se comporta aún más furioso y les grita a los policías que metan preso a los jóvenes, que tiene fotos, que son unos rotos, que yo vengo con ellos… me acerco a un carabinero y le cuento lo que ví: que un grupo de hombres adultos de un momento a otro comienzan a agredir a las jóvenes estudiantes verbal y físicamente. La respuesta del hombre de verde está para el bronce: “No tengo tiempo de escuchar sus historias”, y se sube al furgón y se va.



La policía ordena que todos despejemos el lugar, y varios de los agresores entran al banco, otros dicen “yo trabajo ahí” indicando la vereda de enfrente. Me corren del lugar también y veo que mi bicicleta no se mueve… por el lugar donde estaba, es evidente que uno de los hombres agresores le dio una patada cuando traté de intervenir para calmar los ánimos, y me queda claro que recibí algo más que una sarta de insultos. Camino un par de cuadras hasta el taller de Condell con Marín donde verifico que el daño es más grande de lo que pensé: me rompieron un rayo de la bicicleta, la cámara y el neumático. Esperando el arreglo veo como la policía circula por el lugar tomando detenidos a estudiantes que transitan por ahí y pienso en que los que dañaron mi bicicleta están cómodamente sentados en sus oficinas de las empresas donde trabajan, felicitándose a sí mismos por agredir a estudiantes y transeúntes, por ser unos ejemplos de hombres de bien.



Pedaleando por el Parque Bustamante no puedo pensar en otra cosa que el haber comprobado nuevamente que la violencia viene del Sistema y de los tontos útiles que creen en él… Ojalá que cada día sean menos de aquellos y muchos más de los que se atreven a luchar por un nuevo Chile y un nuevo mundo. ¡Amén!





Publicado originalmente el 22 de diciembre de 2011 en http://partidohumanista.cl/component/content/article/913-otra-prensa/880-un-relato-de-violencia-y-agresion-previo-a-navidad

lunes, 19 de diciembre de 2011

Ese indignante doble estándar

Leyendo la prensa, me entero de las declaraciones de Juan Antonio Coloma, el presidente de la UDI, contra la funa que hizo un grupo de estudiantes al acto de aniversario de la Fundación Jaime Guzmán en el Campus Oriente de la UC.



El presidente gremialista condenó la acción estudiantil por ser un intento de “hacer ver la ideas a través de la violencia y la descalificación”, agregó que “fue una verdadera profanación” e indicó que es “muy triste para el país y para el respeto mínimo que debe existir entre los chilenos”. Siguió diciendo que “no había visto nunca ese ánimo de profanar la memoria de un muerto e intentar impedir que uno pueda realizar ese homenaje” y terminó agregando que “tanta intolerancia, tanta odiosidad, no me imaginé nunca verlo en nuestro país”.



Mi indignación fue instantánea al recordar que la UDI aún defiende la dictadura y su obra, que no es otra cosa que la más brutal experiencia de imposición violenta de ideas, de persecución, intolerancia y abuso. Acusar de violentistas a unos estudiantes que interrumpen un decadente acto, pero defender el Golpe de Estado y todo lo que vino después, es cuando menos inaceptable. Es un indignante doble estándar. Pero ese doble estándar no es patrimonio exclusivo del presidente de la UDI, sino que cruza transversalmente a toda la clase política, cuando hablan de democracia y mantienen el sistema institucional vigente, con binominal, ley antidíscolos y ley de partidos incluídas; cuando alaban la renovación y se apernan por años en los cargos; cuando se comprometen con un desarrollo sustentable y aprueban termoeléctricas por doquier.



Es el doble estándar lo que tiene a tanto chileno cabreado con la situación actual, cuando nos dicen que el país es de todos, y las decisiones las siguen tomando un grupito de señores en CasaPiedra en beneficio de ellos mismo; cuando los gerentes de las grandes empresas se enaltecen y premian a ellos mismos como ejemplos de emprendimiento, rectitud y buen trabajo y en realidad sólo se trata de tipos que se coluden o estafan a miles, como en el caso La Polar.



Es la decadencia brutal de los líderes de un Sistema en crisis, que empieza a caer por la fuerza de los cientos de indignados que comienzan a levantarse, ya sea para interrumpir un homenaje u organizarse contra las grandes empresas, pero que en el fondo apuntan a lo mismo: A cambiar profundamente la política, la sociedad y la forma de relacionarnos, para construir un mundo mucho mejor. O al menos, para vivir sin tanto doble estándar por el mundo. Quizás la revolución no sea más que ese pequeño cambio. Quizás no haya nada más revolucionario que ese gran pequeño cambio.






Publicado originalmente el 16 de diciembre de 2011 en http://partidohumanista.cl/component/content/article/913-otra-prensa/875-ese-indignante-doble-estandar-por-ignacio-torres

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